Comunicado. Oterra dio a conocer que los colores naturales no son sustitutos directos de los colores artificiales. Se comportan de manera diferente, y comprender esas diferencias es clave para una transición fluida y predecible.
Asimismo, la compañía indicó que el uso de colorantes naturales representa una oportunidad para acercar los productos alimenticios y bebidas a la naturaleza. Para los fabricantes estadounidenses, esto no requiere una renovación completa de las líneas de producción, pero sí exige algunos ajustes cuidadosos en la forma en que se almacenan, manipulan, añaden a las fórmulas y gestionan los colorantes en los equipos.
Los colorantes artificiales son en gran medida inertes. Toleran una amplia gama de condiciones de procesamiento y, a menudo, pueden tratarse como una simple adición final. Por su parte, los colorantes naturales, en cambio, son ingredientes funcionales. Su rendimiento depende de cómo interactúan con la formulación y el entorno de producción. Esto no dificulta su uso, pero sí hace que el diseño intencional del proceso sea más importante.
Oterra dio a conocer que ess común suponer que todos los colorantes naturales tienen una vida útil corta. En realidad, la vida útil varía mucho según el pigmento y el formato, y la diferencia con respecto a los colorantes artificiales puede ser sorprendentemente pequeña cuando las condiciones de almacenamiento son las adecuadas. Un almacenamiento adecuado desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la intensidad y la estabilidad del color a lo largo del tiempo.
Entre las consideraciones clave para el almacenamiento se incluyen:
- Control de la temperatura: el calor es la mayor amenaza para la estabilidad. No siempre se requiere refrigeración, pero es fundamental mantener temperaturas moderadas y constantes.
- Exposición al aire y a la luz: límite la exposición siempre que sea posible. Si el recipiente tiene una tapa resellable, ciérrela bien después de cada uso.
- Recomendaciones del proveedor: si se recomienda la refrigeración, seguir las directrices de almacenamiento específicas del proveedor ayuda a preservar el rendimiento.
En las condiciones adecuadas, muchos colores naturales se mantienen vibrantes y funcionales dentro de los plazos de producción habituales.
Los colores naturales tienden a ser más sensibles a las condiciones de procesamiento que los tintes artificiales. Lo que funciona bien en una instalación piloto puede comportarse de manera diferente a escala industrial, donde los gradientes de temperatura, las fuerzas de cizallamiento y los tiempos de residencia varían considerablemente.
Tres áreas merecen especial atención durante la fase de ampliación:
- La sensibilidad al calor varía según el pigmento. Algunos pigmentos son más resistentes al calor que otros. Por ejemplo, en una aplicación láctea UHT, añadir un pigmento termosensible como la remolacha roja después de la pasteurización puede producir un tono rojo brillante, mientras que añadirlo antes de la pasteurización puede provocar un oscurecimiento o pérdida de color.
- El cizallamiento puede afectar la integridad del color. Las condiciones de alta cizalladura pueden someter a las soluciones de color emulsionadas a tensión, provocando la ruptura de la emulsión. En algunos casos, la cizalladura también puede aumentar la formación de espuma, especialmente en colorantes con un contenido proteico naturalmente elevado.
- La presión y la extrusión importan. En productos extruidos como cereales, aperitivos o regaliz, la combinación de altas temperaturas y presión puede afectar significativamente el color. Las soluciones estabilizadas, incluidos los colorantes encapsulados que imitan la forma en que los pigmentos se protegen en la naturaleza, ayudan a mantener tonalidades brillantes y atractivas durante procesos exigentes.
Las prácticas de producción que funcionan bien con colorantes artificiales pueden necesitar una revisión al pasar a alternativas naturales. Los colorantes artificiales suelen dejarse en tanques durante largos periodos bajo diferentes temperaturas sin que haya problema. Sin embargo, los colorantes naturales pueden cambiar de tonalidad bajo esas mismas condiciones. Algunos pigmentos también pueden manchar los equipos, lo que podría requerir ajustes en los procedimientos de limpieza o en los protocolos de validación.
Los proveedores con experiencia apoyan a los fabricantes con las mejores prácticas para: puntos de suma óptimos, tiempos de conservación y límites de temperatura, consideraciones sobre la limpieza in situ (CIP) y ampliación de la producción desde el laboratorio hasta la producción a gran escala. Este apoyo ayuda a garantizar que los equipos de producción puedan mantener la eficiencia, la coherencia y la higiene al trabajar con soluciones naturales.
A pesar de estos ajustes, la mayoría de los fabricantes constatan que la esencia de su proceso de producción permanece intacta. Por lo general, los que no cambian son: equipos y diseños de líneas existentes, formatos de procesamiento por lotes o continuo, procesos térmicos básicos como la pasteurización o el horneado, así como sistemas de llenado, envasado y distribución.
En la mayoría de los casos, el éxito radica en elegir el formato de color y la estrategia de adición adecuados, no en cambiar la fábrica en sí. El cambio más importante: la integración, no la disrupción. El cambio más significativo suele ser un cambio de mentalidad. Los colores naturales fomentan una colaboración más estrecha entre los equipos de I+D, producción, calidad y compras desde las primeras etapas del proceso de desarrollo.
Cuando el color se trata como una parte integral de la formulación y el diseño del proceso, en lugar de una decisión estética de último momento, los fabricantes reducen el riesgo, mejoran la confianza en el lanzamiento y crean productos que se ajustan a las expectativas de los consumidores y las normativas.
