América Latina concentra una quinta parte de las pérdidas alimentarias

Agencias. Con base en cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, América Latina y el Caribe pierde 11.6% de lo que produce en las etapas previas al punto de venta, es decir, en producción, poscosecha, almacenamiento, procesamiento y transporte, antes incluso de que el alimento llegue a un estante o a una mesa.

Esa ineficiencia estructural convive con una crisis de seguridad alimentaria que afecta a 33 millones de personas en situación de hambre y a 167 millones que viven en inseguridad alimentaria dentro de la región, un contraste que expertos describen como una de las paradojas más urgentes del sistema agroalimentario latinoamericano.

El impacto económico de esta pérdida trasciende lo simbólico. La región presenta uno de los costos más elevados a nivel mundial para acceder a una dieta saludable, que supera los 4 dólares diarios por persona, un nivel que dificulta el acceso a alimentos nutritivos justo en momentos en que buena parte de la producción se pierde antes de llegar al consumidor. Resulta particularmente preocupante que los alimentos más nutritivos, como frutas y hortalizas frescas, figuren entre los que registran mayores tasas de pérdida a lo largo de toda la cadena de suministro, dado su carácter perecedero y su mayor sensibilidad a fallas logísticas o de almacenamiento.

Frente a este panorama, la Alianza Latinoamericana y del Caribe de Asociaciones de la Industria de Alimentos y Bebidas identificó tres frentes prioritarios de acción para enfrentar el problema de forma sistémica, considerando que las pérdidas no se concentran en un único eslabón, sino que se distribuyen entre producción, almacenamiento, procesamiento, distribución y consumo final. Esa mirada integral llega en el marco de un encuentro regional de ciudades latinoamericanas que se realizará en Lima la semana del 28 de septiembre, organizado por la FAO para impulsar políticas públicas y acciones concretas contra la pérdida y el desperdicio de alimentos.

Estudios previos de la propia FAO ya habían dimensionado el potencial de esta agenda: solo los alimentos desperdiciados en la etapa de venta al detalle en la región alcanzarían para satisfacer las necesidades nutricionales de más de 30 millones de personas, equivalentes al 64% de quienes hoy padecen hambre en América Latina y el Caribe. Países como Argentina, Brasil, México y Colombia figuran entre los que más desperdician en términos absolutos, con volúmenes anuales que en conjunto superan los 50 millones de toneladas.

Para la industria de alimentos y bebidas, atacar este problema representa tanto una responsabilidad de sostenibilidad como una oportunidad de eficiencia operativa: mejorar cadenas de frío, optimizar logística de distribución, invertir en empaques que extiendan la vida útil del producto y fortalecer la trazabilidad desde el campo hasta el punto de venta se perfilan como las palancas más concretas para que la región recupere parte del valor que hoy se pierde antes de que cualquier alimento llegue a manos del consumidor final.

 

 

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